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jueves, 12 de junio de 2014

Consejos para un perro en Budapest



Hace poco, por mi trabajo, tuve que viajar a Budapest. Ya sabéis, unas fotos y esas cosas que tenemos que hacer las divas del mundillo…
Y estoy acostumbrada a que me traten bien. Muy bien en todos los sitios a los que voy o me llevan. La gente es amable y yo cumplo las condiciones que se le exigen a un perrece para ser considerado agradable: soy pequeña, estoy suave, voy limpia, soy simpática… esos criterios estrictos por los que los humanos se rigen para decir que un perro les gusta o no. Así que estoy más que acostumbrada a que la gente me acaricie e incluso me eche piropos cuando me conocen.
Y luego está Budapest. No sólo os diré que me ha parecido una ciudad bonita, limpia, extraordinariamente limpia, luminosa, divertida y llena de gente y de vida. Os diré que los húngaros son gente extraña. Todos, absolutamente todos, son cariñosos con los
animales. Muy cariñosos. Primero se detienen en la calle, luego preguntan si te pueden acariciar, después te acarician y te rascan a conciencia. Saben lo que hacen. Después, te hacen muchas preguntas sobre la raza, la edad, las preferencias… te dan consejos y al final, te cuentan que es que ellos también tienen un perro, o sus padres, o sus vecinos… en Budapest debe haber miles de millones de perros viviendo a cuerpo de rey en las casas. Yo me quedé alucinada y claro, no quería ni moverme de allí. Qué gente más maja.
Tú vas por la calle y todo el mundo se muere por hacerte un mimo. Nadie, ni una vez, me regañó por nada ni les dijo nada a mis humanos sobre mí. Ni una vez. Eso me extraña mucho. Para bien, claro.
¿Transporte público? Permitido. Eso sí, con correa y bozal. Normas son normas. Pagamos el billete entero de un adulto humano, porque tenemos los mismos derechos que él. Me parece bien. En los restaurantes, cero problemas. Y los camareros traen primero el agua para los peludos y luego las consumiciones para los humanos. Además haciendo bromas, con un humor envidiable. De hecho, en un bar me dijeron que lo sentían pero que no podían darme agua porque se había acabado, pero que me iban a traer un cuenco de vodka. Y me lo dijeron a mí… lo que digo, encantadores.
El los hoteles, tampoco vi ningún problema. Eso sí, yo siempre recomiendo que antes de aventurarnos con la reserva, consultemos por si acaso. Que yo creo que en Hungría no va a haber ni medio problema, claro está, pero más vale prevenir que ladrar.
La comida excelente. Cierto es que mi familia siempre me lleva comida perruna de la que me gusta, pero en los restaurantes, siempre cae un cachito de algo… porque hay que probar la gastronomía local, ¿no es verdad? Pues muy buena. No puedo decir lo contrario.
En los parques, ni medio problema tampoco. Un montón de perrillos sueltos y allí todo el mundo se hace amigo de todo el mundo… como debería de ser.
Vamos que ni trámites, ni perroporte, ni fronteras, ni problemas, ni gente con malas caras, ni prohibiciones... cero problemas, todo facilidades y una gente maravillosa, esa ha sido mi conclusión de visitar Budapest. Os lo recomiendo porque nunca me habían tratado tan sumamente bien en una ciudad. Creo que me he enamorado un poquito de los húngaros.   
Por cierto, por si os interesa, el hotel en el que estuve se llama Estilo Fashion

jueves, 29 de mayo de 2014

Ventajas de ser un perro sin raza



Hoy se anda celebrando por las redes el día de los perros sin raza. Vaya tontería, porque los perros no somos racistas, pero en casa hemos decidido considerarlo mi santo y elaborar una pequeña lista con las ventajas de no tener raza.
La primera es esa, que no somos racistas y eso que los que no tenemos raza identificada… es porque tenemos más de una en realidad. Por ejemplo, yo soy un perro de aguas, pero también tengo algo de pastor catalán, mayoritariamente parezco un bichón maltés y el pelo me cuelga como a un bobtail enano. ¿Ventaja? No hay que decidirse por uno cuando puedes tener 4 en uno.
Además solemos resultar gratis. Cosa que tampoco entiendo porque ahora que los humanos han dejado de comprarse y venderse como esclavos en la mayor parte del planeta… venden perreces. No tiene sentido. Yo llegué a brazos de mi humana siendo una bola de pelo que no sabía ni ladrar. Así, con un par de cervezas, según he oído.
Tampoco necesito cuidados especiales, porque dicen que la mezcla mejora la raza… así que con cortarme el pelo (que me lo cortan en casa porque a mí me da mucho miedo que me corte el pelo alguien que no sean mis humanos) y la uñas, estoy más que guapa.
Hemos echado cuentas y creo que mi comida oficial no llega a los 100€ anuales. Claro que soy pequeñaja y no como demasiado para poder volar en avión con ellos, que si me paso del peso… me mandan con las maletas y eso no quiero que pase. Hay que cuidarse. Aunque también hago mucho deporte para estar en forma. Y digo la comida oficial, porque si estoy atenta, siempre consigo catar la comida de los demás, aunque sea un pellizco y cuando todos han terminado ya.  Eso me sabe a gloria y algún vicio tenía que tener.
El veterinario… una vez al año y para las vacunas reglamentarias, que como mi humana está muy atenta, siempre encuentra la oferta de nuestro ayuntamiento y entonces pagamos lo mínimo. Y después, cuando me pongo un poco malita me dan medicinas caseras para perros…  supongo que eso es porque nunca he estado realmente malita. Me cuidan bien.
¿Más ventajas? No sabría por donde empezar, pero supongo que es lo mismo que comprarse un coche para usarlo y otro para exponerlo. Además, si el coche para usarlo te sale gratis, lo vas a querer más… digo yo. Y lo vas a usar más. Eso me pasa a mí, que me adoptaron con todo el amor del mundo y no esperan nada a cambio, así que si voy guapa estupendo, pero si voy fea o me ensucio no pasa nada, no tengo ningún concurso que ganar ni tengo que demostrar a nadie el Pedigree en ningún caso. Soy lo que ves, auténtica y feliz. No hay más. Por eso os animo a no comprar nunca un perro. Adoptad uno y si aglutina en sus genes más de una raza, mejor…  porque sumará lo mejor de todas las razas y habréis salido ganando mucho.

lunes, 21 de abril de 2014

Primer CONCURSO de la Perra Viajera



No sé si os acordáis o no, pero en una ocasión, hace tiempo, ya os hablé de un hotel, en Navaluenga, provincia de Ávila, donde me invitaron a pasar un fin de semana. Un fin de semana de lujo absoluto… era El Hotelito. Me cuidaron, me mimaron y estuve todo el tiempo haciendo cosas divertidas, por eso me gustaría que todo el mundo pudiera probarlo y pasárselo tan bien como me lo pasé yo, pero ¿cómo? Pues muy fácil. Les he pedido a mis amigos de El Hotelito que nos regalen una estancia, para que mis amigos puedan probar y me han contestado que estarían encantados, así que tenemos una noche de hotel, en habitación doble, dos humanos y un peludo, con desayuno incluido para sortear entre todos los que me leéis habitualmente. Así que se me ha ocurrido que para darle más emoción, os invito a participar en un simpático concurso entre todos los seguidores de este blog. Lo único que tenéis que hacer es recomendar este sitio y dejar un comentario en este post diciendo porqué queréis ganar este concurso. Eso es todo. Y para ello os daré de tiempo hasta el jueves 15 de mayo. Tenéis casi un mes para concursar. Os deseo muchísima suerte porque es toda una experiencia y estoy segura de que os va a encantar. Es el hotel favorito de los perros!!

miércoles, 5 de marzo de 2014

Cómo viajar con perros en tranvía



Viajar en tranvía tiene algo de romántico, de nostálgico, algo especial. Pero no todas las ciudades tienen tranvía. Curiosamente, aquellas más “civilizadas” en el tema perruno (sobre todo), sí lo tienen y es un gusto moverse por la ciudad. Es cierto que el panorama aéreo, lleno de cables es muchísimo más feo, pero en pos de la comodidad y de la rapidez en el transporte, yo lo firmo. Plasmando la pata, eso sí…
La verdad es que en España no hay muchas ciudades que tengan tranvía, que además suele confundirse con el tren ligero, que no sólo no es un tranvía, sino que la normativa de transporte de animales es distinta… de hecho, en España, sólo podemos viajar en los tranvías de Zaragoza. La ciudad más moderna y avanzada en este sentido. Aunque la norma sea como para darse de bofetadas con alguien, pero algo es algo. Para empezar, los enanos que pesamos menos de 10 kg (deja la operación perrikini… ¡ponte a dieta para poder subir en el tranvía!) podemos ir en brazos, pero metidos en un transportín o algún tipo de bolsa homologada para la ocasión, no sea que nos dé por marcar territorio o algo… a veces me pregunto si la gente que hace estas normas sabe algo de perros o, al menos, ha visto alguno de lejos.
Eso los peques. Los grandotes, pueden subir, con bozal, con cuerda y siempre en el último vagón. En el que más nos mareamos, por cierto… y además, no puede subir más de uno por vagón, excepto si una misma persona lleva dos perros y los dos son suyos… en ese caso: dos.
Luego coges un avión y te plantas en el primer mundo y… la cosa cambia. En Austria, por ejemplo, puedes subir a todos los transportes que quieras y por supuesto, el tranvía no es menos. ¿La norma? Es muy relajada, porque te piden bozal y correa… pero luego la gente, que es muy perrera, sabe que ningún perro se va a comer a un humano ni va a hacer cosas propias de una película de ciencia ficción, porque es un perro, no un alien… así que son muy permisivos. Igual algún policía que quiera multarte se enfada, pero porque tienen un cupo de multas y lo tienen que cumplir, así que siempre es mejor llevarlo por si acaso. Lo que es irrevocable es que hay que pagar medio billete de humano. Y por ese medio billete tenemos derecho a sentarnos en un asiento si nos apetece. A mí es que me gusta mirar por la ventana. Soy curiosa por naturaleza. En Alemania la normativa es casi la misma, pero si eres un perro canijo y vas en un bolsito o en un transportín pequeño, viajas gratis, como los niños en los hoteles. El resto es igual. En Inglaterra… estamos permitidos, a no ser que el personal considere que el perro está endemoniado (que los hay)y que es peligroso… sólo te piden que vayas atado o en una bolsa o transportín, a elegir. No te puedes sentar en un asiento aunque pagues el billete y piden a tus humanos que te tengan “controlado y te cuiden” porque ese no es el trabajo del personal de transportes. Lógico, por otra parte.
A mí, perronalmente, me encanta ir en tranvía. Lo que no sé son las normas exactas de cada país, por lo que os recomiendo que las busquéis antes de llevar a vuestros peludos por el mundo, pero vamos, que viene a ser más o menos lo mismo. Y si sabéis de alguna excepción, por favor, compartidla con nosotros, así entre todos podremos viajar más y mejor.  

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Consejos para viajar con un perro en otoño.



Viajar con animales cada vez es más sencillo, afortunadamente. Sin embargo, lejos de las dificultades e imposibilidades que nos ponían antes en todas partes, ahora lo que tenemos que tener en cuenta es lo que le ocurre al perrece cuando se acaba el calor y empieza el frío.
Os cuento, para empezar hay que tener en cuenta que se nos cae el pelo y nos crecen las uñas de una forma un poco exagerada. Es decir, antes de llevarnos a un hotel o a un restaurante, hay que pasar por la silla de los horrores y que nos cortéis las uñas con cuidado de no pasaros porque luego sangramos y nos resulta muy desagradable andar, exactamente igual que cuando vosotros os cortáis las uñas demasiado. No nos gusta. Cortarse las uñas en otoño, se puede hacer una vez o dos, pero el tema del pelo sí que es un problema, así que mi humana, siempre que salimos de viaje, lleva el cepillo ese que por un lado tiene púas de metal separadas y por el otro cerdas para que me brille más el pelo. Cada vez que me cepillan, sale pelo para hacer un cojín, pero así puedo ir a cualquier sitio sin peligro de dejar un regreso tras de mí.
Otra cosa importante vitaminarnos para que no nos constipemos. No, no penséis en pastillas ni en cosas químicas. A mí me plantan un plato de arroz un par de veces al mes y estoy estupenda. Además, con el frío, muchas veces se nos suelta la tripilla y con el arroz todo se mantiene.
Por último, lo más importante. Las almohadillas de nuestras patuelas. Cuando te pasas la semana en la ciudad y el finde te vas al campo, con el frío y la lluvia, a veces se nos agrietan e incluso pueden llegar a sangrar… ¿qué hacer? Pues cremita de Aloe vera, esa que es verde… mi humana me da un masajito en las almohadillas, que me encanta. Eso sí, luego se sienta conmigo un buen rato y nos miramos… hasta que se seca, porque si no, me da por lamerlo y es peor el remedio que la enfermedad.

En otoño no nos hace falta que nos pongan ropa. Por lo menos, no a mí. A mí me hace falta cuando nieva mucho y me llevan por esos países en los que el invierno cae por debajo del cero sin piedad. Pero a mí me gusta.
¿Algún consejo para viajar en otoño? Pues claro. Yo os aconsejo un sitio en el que no llueva demasiado, lo mejor es hacer excursiones a sitios donde haya bosques y mucha naturaleza, ahora que no hay peligro de garrapatas, podemos disfrutar a nuestras anchas.